viernes, 25 de julio de 2008

A pelo.

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Positivo Constructivo. El color amarillo denota alegría y positivismo, la luz del sol. El sombrero amarillo es optimista y cubre la esperanza y el pensamiento positivo. El Amarillo es la contraparte del sombrero negro, no el blanco, que sabemos que es neutro. Cuando nos ponemos imaginariamente el sombrero amarillo debemos asumir el rol de ser positivos y constructivos; ocuparnos de la evaluación positiva. El amarillo también es objetivo (lógico-positivo) como el sombrero negro, pues debe explicar el por qué del positivismo, basado en la experiencia pasada. Es dificil asumir este rol o actitud. Estamos acostumbrados a ser negativos, pero ser positivos con las ideas de los demás, no. Por lo general sólo somos positivos con nuestras propias ideas o con las ideas de nuestro Jefe. Cuando una persona da una idea y los demás se ponen el sombrero amarillo, buscan, en base a su experiencia pasada, cómo pueden hacer crecer los diferentes aspectos que tiene la idea presentada y la hacen crecer. Por eso se dice que el sombrero amarillo es positivo constructivo. El rol del sombrero amarillo puede ser especulativo, pues una parte de este pensamiento se basa en diseñar objetivos en donde especulamos (en base a experiencia pasada) su buen desempeño o solución óptima. Error de una falsa causalidad.-En todos los tiempos se ha creído saber qué cosa es una causa; pero ¿de dónde derivábamos nuestro saber, más exactamente, nuestra creencia de que sabíamos? Del reino de los famosos “hechos interiores”, ninguno de los cuales ha sido aún corroborado. Nos atribuíamos en el acto volitivo un carácter causal; creíamos sorprender por lo menos in flagranti la causalidad. Asimismo, no se dudaba de que todos los antecedentes de un acto, sus causas, habían de buscarse en la conciencia y que en ésta se lo sencontraba si en ella se los buscaba, como “motivos”; o si no, se habría estado en libertad de cometerlo, no se habría sido responsable por él. Por último, ¿quién iba a negar que el pensamiento fuera el efecto de una causa? ¿Que el yo causara el pensamiento...? De estos tres “hechos interiores”, que parecían garantizar la causalidad, el primordial y más convincente es el de la voluntad como causa; la concepción de una conciencia (“espíritu' como causa v, más tarde, la del yo (“sujeto&rdquoGuiño como causa son tan sólo concepciones derivadas, una vez que se consideraba dada, como empiria, la causalidad de la voluntad... Desde entonces hemos meditado en forma más honda y penetrante. Ya no creemos una palabra de todo esto. El “mundo interior” está plagado de espejismos y fuegos fatuos; uno de ellos es la voluntad. Ésta ya no acciona nada y, por ende, ya no explica nada; no es más que un fenómeno concomitante que puede faltar. Otro error es el llamado “motivo”, que es un mero fenómeno accidental de la conciencia, un corolario del acto que no tanto representa sus antecedentes como los oculta. iY no se diga el yo! Éste se ha convertido en fábula, ficción, juego de palabras; ¡ha cesado por completo de pensar, de sentir y de querer! ... ¿Qué se deduce 'de esto? ¡No hay causas mentales! ¡Toda la presunta empiria al respecto se ha reducido a la nada! ¡He aquí lo que se sigue de esto! Y, sin embargo, habíamos abusado a más no poder de esta “empiria”; en base a ella habíamos construido el mundo como un mundo de causas, de voliciones, de espíritus. Trabajaba en esto la más antigua y más larga sicología, que en definitiva no hacía otra cosa; para ella, todo acaecer era un hacer y todo hacer la consecuencia de una volición. El mundo se le aparecía como una multitud de agentes y todo acaecer como determinado por un agente (un “sujeto&rdquoGuiño. El hombre ha proyectado fuera de sí sus tres “hechos interiores”, aquello en que más firmemente creía: la voluntad, el espíritu y el yo; desarrolló del concepto “yo” el concepto “Ser” y concibió las “cosas” a su imagen como algo que “es”, de acuerdo con su concepto del yo como causa. No es de extrañar, así, que luego haya vuelto a encontrar en las cosas lo que en ellas había introducido. La cosa, el concepto “cosa”, lo repito, no es sino un reflejo de la creencia en el yo como causa... Y aun en su átomo, señores mecanicistas y físicos, i cuánto error, cuánta sicología rudimentaria subsiste aún en su átomo! ¡Y no se diga la “cosa en sí”, el horrendem pudendum de los metafísicos! ¡El error del espíritu como causa confundido con la realidad! ¡Y erigido en criterio de la realidad! ¡Y llamado Dios! Ya no nos apreciamos lo suficiente si nos comunicamos. Nuestras experiencias propiamente dichas no son en modo alguno locuaces. Ni siquiera podrían comunicarse, pues les faltan las palabras. Lo que sabemos expresar en palabras, ya lo hemos dejado atrás. En todo hablar hay algo de desprecio. Parece que el lenguaje está inventado únicamente para lo ordinario, lo medio, lo comunicable. Con el lenguaje se vulgariza el que habla. (De una moral para sordomudos y otros filósofos.) “¡Es encantadora esta imagen!”... La historia, insatisfecha, excitada, desolada en el corazón y las entrañas, pendiente en todo momento, con una curiosidad dolorosa, del imperativo que desde las profundidades de su organismo susurra “aut liberi aut libri”; la literata, lo suficientemente culta para entender la voz de la Naturaleza, incluso cuando habla en latín, y, por otra parte, lo suficientemente vanidosa y estúpida para decir aun en francés para sus adentros “je me verrai, je me lirai, je m'extasierai et je dirai: Possible, que j'aie eu tant d'esprit?” Hablan los “impersonales”. “Nada nos es tan fácil como ser sabios, pacientes, superiores y serenos. Chorreamos aceite de indulgencia y simpatía; somos de una manera absurda justos; perdonamos todo. Por eso mismo debiéramos desarrollar en nosotros de tanto en tanto un pequeño afecto, un pequeño vicio de afecto. Tal vez nos cueste; tal vez nos riamos, entre nosotros, de la figura que encarnamos. Pero no tenemos más remedio. No nos queda ya ninguna otra forma de autodisciplina; tal es nuestro ascetismo, nuestra penitencia”... Volverse personal, he aquí la virtud del “impersonal”...De un examen de doctorado. “¿Cuál es la tarea de toda enseñanza superior?” Hacer del hombre una máquina. “¿Cómo se consigue esto?” El hombre debe aprender a aburrirse. “¿Cómo se consigue esto?” Mediante la noción del deber. “¿Quién es su mrdelo en esta ocasión?” El filólogo, que enseña a trabajar como un burro. “¿Quién es el hombre perfecto?” El empleado del Estado. “¿Qué filosofía ofrece la fórmula suprema para el empleado del Estado?” La de Kant el empleado del Estado como cosa en sí, proclamado juez del empleado del Estado como apariencia. El derecho a la estupidez. El trabajador cansado de lento respirar y aire bonachón que , deja correr las cosas; esta figura típica que uno encuentra ahora, en esta época del trabajo (¡y del Reich!) en todas las capas de la sociedad, reivindica hoy día precisamente el arte, incluido el libro, en particular el diario; júzguese en cuánto mayor grado la bella Naturaleza reivindica a Italia... El hombre del atardecer, con los “impulsos fieros expirados”, de que habla Fausto, tiene necesidad del lugar de veraneo, de la playa de mar, de los ventisqueros, de Bayreuth... En tiempos así, el arte tiene derecho a la locura pura, como una especie de vacaciones para el espíritu, el ingenio y el ánimo. Así lo entendió Wagner. La locura pura repone...Habla el inmoralista. Nada repugna tanto al filósofo como el hombre que desea... Cuando ve al hombre exclusivamente en sus actos; cuando ve a este animal más valiente, astuto y denodado extraviado hasta en trances laberínticos, ¡cuán admirable se le aparece el hombre! Y aun lo alienta... Desprecia el filósofo, en cambio, al hombre que desea, también al hombre “deseable”, y en un plano general, todas las deseabilidades, todos los ideales humanos. Si el filósofo pudiese ser nihilista lo sería, pues detrás de todos los ideales del hombre encuentra la nada. O ni siquiera la nada, sino lo ruin, lo absurdo, lo enfermo, lo cobarde, lo cansado, toda clase de heces de la copa vaciada de su vida... El hombre, que en tanta realidad es siempre vulnerable, ¿cómo es que no merece respeto en cuanto desea? ¿Será que tiene que pagar por la capacidad que lo distingue como realidad?, ¿que tiene que compensar su actividad, la tensión mental y el esfuerzo de voluntad en toda actividad, por una relajación en lo imaginario y lo absurdo? Desgraciadamente mi hermana se ha convertido en una amiga mortal de L[ou]; su indignación moral ha durado todo el tiempo. Ahora pretende saber lo que significa mi filosofía. Ha escrito a mi madre que había visto mi filosofía entrar en la vida de Tautemburg y que está asustada, yo amo el mal, pero ella ama el bien. Si fuera católica entraría en un convento “para expiar el daño que se producirá”. Resumiendo, tengo a “la virtud” de Naumburg en contra: se ha producido una verdadera ruptura entre nosotros; y mi madre fué tan lejos al pronunciar cierta palabra que hice mi maleta y a la mañana siguiente, temprano, marché a Leipzig. Mi hermana (que no quería venir a Naumburg en tanto yo estuviera allí y que aún está en Tautenburg) hizo un comentario irónico sobre las cosas: “así empezó la caída de Zaratustra”. De hecho es el inicio del comienzo. Esta carta es para ti y para tu querida esposa, no me tomen por un misántropo. De todo corazón. En lo que concierne al amigo R[ée], me paso lo mismo siempre [desde Génova], no puedo asistir al lento hundimiento de una naturaleza extraordinaria sin ponerme furioso ¡Esta falta de objetivos! ¡Y por ello mismo este poco deseo por los medios, por el trabajo, esta carencia de aplicación e incluso de exactitud cient[ífica] ¡Ese incesante despilfarro! ¡Si al menos fuera un derroche por el placer de derrochar! Pero tiene todo el aspecto de la mala conciencia. Veo por todas partes los defectos de la educación, un hombre debe ser educado para ser soldado, en cualquier sentido. Y la mujer debe ser educada para ser la mujer del soldado, en cualquier sentido. No se inquieten demasiado por los arrebatos de mis delirios de grandeza o de mi vanidad herida: y si por casualidad yo mismo alguna vez hubiera de quitarme la vida por dichos afectos, tampoco entonces habría demasiado por lo que llorar. ¡Que les importa a ustedes, quiero decir a usted y a Lou, mis fantasías! Consideren muy mucho entre ustedes que al fin y al cabo soy ya un medio-inquilino de un manicomio, enfermo de la cabeza, a quien la soledad ha desconcertado completamente. Por esto he llegado a la comprensible razón de mi situación, después de haber tomado por desesperación una increíble dosis de opio: en vez de haber perdido la razón parece que finalmente me viene. Por lo demás he estado enfermo durante semanas: y si les digo que durante 20 días el tiempo aquí ha sido como en Orta, mi estado les parecerá más comprensible. Pido a Lou que me perdone todo -prometo- sólo intentar hacer lo mismo: quizá tenga la ocasión de perdonarle también algo a ella. Considere Usted que yo provengo de circulos donde toda mi evolución se considera recriminable y se la recrimina; fue sólo una consecuencia de que mi madre, el año pasado, me llamara “afrenta para la familia” y “una vergüenza para la tumba de mi padre”. Mi hermana... me ha declarado su franca enemistad hasta que emprenda el camino de vuelta y me esfuerce “en llegar a ser una persona buena y auténtica”. Ambas me consideran un “egoista, frío y duro de corazón”; también Lou antes de conocerme más cerca tenía de mí la opinión de que era un carácter vulgar del todo y bajo, “siempre dispusto a aprovecharme de los otros para mis fines”; Cosima ha hablado de mí como de un espía que se introduce en la intimidad de otros y que, cuando la tiene, hace de ella lo que quiere; Wagner es rico en malas ocurrencias; pero ¿qué dice Usted del hecho de que intercambiara cartas (incluso con mis medicos) para manifestar su convicción de que mi cambio de modo de pensar se debía a vicios perversos, suguiriendo la pederastia? Finalmente: sólo ahora, tras la publicación del Zaratustra, llegará lo peor, dado que con mi “libro santo” he desafiado a todas las religiones. Me acabo de mirar al espejo; nunca había visto semejante aspecto. Un buen humor ejemplar, bien alimentado y diez años más joven de lo permitido.. En mi trattoria consigo sin duda los mejores bocados que hay: siempre se me indica lo que en ese momento está especialmente logrado... Aquí el sol sale un día tras otro con la misma implacable plenitud y claridad; la espléndida esbeltez del árbol en candente amarillo, el cielo y el gran río de un tierno azul, el aire de la mayor pureza: un Claude Lorrain como había soñado verlo... En todos los aspectos encuentro esto digno de vivirse... Mi habitación, emplazamiento de primera en el centro, sol desde tempranas horas hasta la tarde, vistas al pallazzo Carignano, a la piazza Carlo Alberto y, más allá a las verdes montañas: 25 francos al mes con servicio, incluida la limpieza de botas. En la trattoria pago por cada comida 1 franco con 15 y añado, cosa que sin duda se toma como excepción otros 10 céntimos. A cambio obtengo una porción muy grande de minestra, bien sea seca, o bien en bouillon... Entonces escribí a las cortes europeas, en una arrogancia heroico-aristofánica, una proclama para aniquilar a la casa Hohenzollern, esta raza de criminales e idiotas escarlata desde hace más de cien años; para ello dispuse del trono de Francia, incluida Alsacia, declarando emperador a Víctor Buonaparte, el hermano de nuestra Laetitia, y nombrando embajador de mi corte a mi distinguido Ms. Bourdeau A la princesa Ariadna, mi amada. Es un prejuicio que yo sea un ser humano. Pero ya he vivido entre los hombre y conozco todo lo que los hombre pueden experimentar, desde lo más mínimo hasta lo más alto. Yo he sido entre los indios Buda, en Grecia Dionisos, Alejandro y Cesar son mis encarnaciones, igual que el poeta de Shakespeare, Lord Bacon. Por último fui además Voltaire y Napoleón, quizás también Richard Wagner... Pero esta vez vengo como el triunfante Dionisos, que hará de la Tierra un día festivo... No es que tenga mucho tiempo... Los cielos se alegran de que yo este aquí... También he estado colgado en la cruz...”

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Estar a cubierto.

Una parte del capital productivo, difícil de clasificar, a saber: el capital adicional necesario para la reparación y el sostenimiento del capital fijo, se presenta también bajo un aspecto distinto. Girls BCN Supongamos que el capital fijo sea = 80,000 libras esterlinas y su período de reproducción = 10 años, lo que quiere decir que todos los años revertirán a su forma dinero 8,000 libras o que se realizará anualmente 1/10 de su rotación. Supongamos, asimismo, que el capital circulante sea = 20,000 libras esterlinas y que recorra su ciclo de rotación cinco veces al año. Tendremos así un capital global de 100,000 libras esterlinas. El capital fijo que haga su rotación durante el año será = 8,000 libras, el capital circulante = 5 X 20,000 libras = 100,000 libras. Por tanto, el capital que hace su rotación durante el año será = 108,000 libras ester­linas, o sean 8,000 libras más que el capital desembolsado. La rota­ción alcanza, aquí a 1 + 2/25 del capital. BCN Según el supuesto de que aquí partimos, la producción anual de oro de 500 libras esterlinas sólo alcanza exactamente para reponer el dinero desgastado anualmente. Sí nos fijamos, por tanto, solamente en estas 500 libras esterlinas y prescindimos de la parte de la masa de mercancías producida anualmente y que circula por medio del dinero anteriormente acumulado, vernos que la plusvalía producida en forma de mercancías se encuentra en la circulación con el dinero necesario para realizarse en moneda precisamente porque de otra parte se produce en el año la plusvalía necesaria en forma de oro. Y lo mismo puede decirse de las otras partes del producto oro de 500 libras esterlinas que reponen el capital–dinero desembolsado. girlsbcn.com Pocos libros han sido leído con tanto afán; todavía ahóra se imprimen en Inglaterra todos los años mu­chos miles de ejemplares. Dudo de que libro alguno (excepción hecha de la Biblia) haya causado tanto es­trago, acortado tantas vidas como este curiosum bien intencionado. Todo por haber confundido su autor el efecto con la causa. Ese buen italiano consideraba su dieta como la causa de su longevidad; cuando lo que pasaba era que la lentitud extraordinaria del metabo­lismo, el desgaste reducido, resultaba la causa de su dieta frugal. No estaba en libertad de comer poco o mucho; su frugalidad no era un “libre albedrío”; el hombre enfermaba si comía más. Mas a todo el que no es un pez de sangre fría no sólo le conviene, sino que le hace falta comer bien. El erudito de nuestro tiempo, con su rápido desgaste de energía nerviosa, se arruinaría si adoptase el régimen de Cornaro. Crede experto. Señoritas de compañía en Barcelona Mientras que en la mayoría de las ramas estrictamente indus­triales y en las de la minería, el transporte, etc., la marcha de la explotación es uniforme, se emplea un año con otro la misma can­tidad de trabajo y, prescindiendo de las oscilaciones de los precios, las perturbaciones de los negocios, etc., que deben considerarse como interrupciones anormales, las inversiones. de capital incorporadas al proceso diario de circulación se distribuyen por igual; mientras que, asimismo, en igualdad de condiciones de mercado, el reflujo del ca­pital circulante o su renovación se distribuye a lo largo del año en periodos uniformes, en las inversiones de capital en que el tiempo de trabajo sólo es una parte del tiempo de producción, se advierten las mayores diferencias, a lo largo de los distintos períodos del año, en la inversión del capital circulante, y el reflujo sólo se efectúa de una vez, en la época impuesta por las condiciones naturales. Por tanto, a igual escala de negocios, es decir, a igual magnitud del capital circulante desembolsado, deberá desembolsarse el capital de una vez y a largo plazo, en masas mayores que cuando se trate de ne­gocios a base de períodos de trabajo continuos. El plazo de vida del capital fijo se distingue también aquí considerablemente del tiempo durante el cual funciona de un modo realmente productivo. Con la diferencia entre el tiempo de trabajo y el tiempo de producción se interrumpe también constantemente, como es natural, el tiempo de uso del capital fijo empleado a largo o a corto plazo, como ocurre por ejemplo en la agricultura con el ganado de labor, los aperos y las máquinas. Cuando este capital fijo se halla for­mado por bestias de labor, exige constantemente los mismos o casi los mismos gastos en forraje, pienso, etc., que durante el tiempo en que trabaja. En los medios de trabajo muertos la inmovilidad se traduce también en cierta depreciación. Por tanto, el producto, en general, se encarece, ya que la transferencia de valor al producto se calcula, no por el tiempo durante el cual funciona el capital fijo, sino por el tiempo durante el cual pierde valor. En estas ramas de producción, la inmovilidad del capital fijo, lleve o no aparejados gastos corrientes, constituye una condición de su empleo normal, ni más ni menos que, por ejemplo, el desperdicio de cierta cantidad de algodón en las fábricas de hilados; y en todo proceso de trabajo la fuerza de trabajo aplicada, bajo ciertas condiciones técnicas, de un modo improductivo, pero inevitable, cuenta exactamente lo mismo que la empleada productivamente. Toda innovación que disminuya el empleo improductivo de medios de trabajo. materias primas y fuerza de trabajo, disminuye también el valor del producto. girlsmadrid.com La parte relativa de valor que los gastos de transporte –permaneciendo invariables las demás circunstancias– añaden al precio de la mercancía se halla en razón directa al volumen y peso de ésta. Sin embargo, son muchas las circunstancias que pueden modificar esta ley. El transporte puede requerir, por ejemplo, mayores o menores medidas de precaución y, por tanto, una inversión mayor o menor de trabajo y de medios de trabajo, según la relativa fragilidad y delicadeza del articulo, según el peligro de explosión que ofrezca, etc. Los magnates ferroviarios acreditan en esto mayor genio que los botánicos y los zoólogos en cuanto a la formación fantástica de géneros y especies. La clasificación de las mercancías en los ferrocarriles ingleses, por ejemplo, llena volúmenes enteros y responde, según el principio general, a la tendencia a convertir las abigarradas cualidades naturales de las mercancías en otras tantas numerosas deficiencias para los efectos del transporte y en otros tantos obligados pretextos de estafa. “El vidrio que antes valía 11 libras esterlinas por crate (una banasta de determinada cabida) sólo vale ahora, gracias a los progresos de esta industria y a la abolición del impuesto sobre el vidrio, 2 libras esterlinas, pero los gastos de transporte son tan elevados como antes y en el transporte fluvial más elevados aún. Antes, el vidrio y los artículos de vidrio para trabajos de plomero eran transportados dentro de un radio de 50 millas de Birmingham, a razón de 10 chelines la tonelada. Ahora, el precio del transporte se ha triplicado, con el pretexto del riesgo que supone la fragilidad de esta mercancía. Pero quien no paga los vidrios rotos es la dirección de los ferrocarriles.”10 El hecho de que la parte relativa de valor que los gastos de transporte añaden a un artículo se halle en razón inversa al valor de éste, se convierte, además, para los magnates ferroviarios en una razón especial para gravar los artículos en razón directa a su valor. En cada página de las declaraciones de testigos del informe citado se repiten las quejas de los industriales y comerciantes sobre este punto. Saunas valencia II. El valor total de la parte del producto anual consistente en medios de producción se distribuye como sigue: una parte de valor es simplemente el valor de los medios de producción absorbidos para elaborar estos medios de producción y, por tanto, valor–capital que reaparece sencillamente bajo una forma distinta; una segunda parte equivale al valor del capital invertido en fuerza de trabajo o lo que es lo mismo, a la suma de los salarios abonados por los capitalistas de esta esfera de producción. La tercera parte de valor, finalmente, constituye la fuente de la ganancia (incluyendo las rentas del suelo), de los capitalistas industriales de esta categoría. Putas Barcelona Esta plusvalía adicional de 100 libras esterlinas se lanza a la circulación en forma de mercancías. Esto no ofrece ninguna duda. Pero el dinero adicional necesario para la circulación de este valor adicional en mercancías no puede salir de esa misma operación. Escorts Bilbao En realidad, por paradójico que ello pueda parecer a primera vista, es la propia clase capitalista la que pone en circulación el dinero que sirve para realizar la plusvalía que en las mercancías se contiene. Pero, bien entendido que no lo lanza a la circulación como dinero desembolsado, es decir, como capital. Lo lanza como medio de compra para su consumo individual. No es, por tanto, dinero adelantado por ella, aunque constituya el punto de partida de su circulación. Chicas de compañía en Salamanca En el citado manuscrito "Contribución a la critica, etc.", p. 253;. Marx comenta así este pasaje: "Para A. Smith, la plusvalía, es decir, el trabajo sobrante, el remanente de trabajo invertido y materializado en la mercancía después de cubrir el trabajo retribuido, cuyo equivalente es el salario, constituye por tanto la categoría general de que la ganancia propiamente dicha y la renta del suelo no son más que modalidades." prostitutas de lujo en barcelona El desplazamiento del lugar del objeto sobre que recae el trabajo y de los medios y fuerzas de trabajo necesarios para ejecutarlo –por ejemplo, del algodón al trasladarse de la sección de cardado a la sección de hilado, o del carbón al salir del pozo a la bocamina– tiene una gran importancia en todo proceso de producción. El traslado del producto terminado como mercancía elaborada de un centro independiente de producción a otro geográficamente alejado de aquél, representa el mismo fenómeno, aunque en mayor escala. El transporte de los productos de un centro de producción a otro va seguido por el de los productos terminados de la órbita de producción a la órbita de consumo. Mientras no se realiza este movimiento, el producto no está en condiciones de ser consumido. sado erotico barcelona donde D' figura como producto en mercancías porque P suministra más oro del que se ha desembolsado en los elementos de producción del oro en el primer D, en el capital en dinero. Aquí, desaparece, por tanto, lo irracional de la expresión D... D' (D' + d), donde una parte de una suma de dinero aparece engendrando otra parte de la misma suma. deliciasbcn.com

Molar mazo.

Crítica de la moral de decadencia. Una moral “al­truista”, una moral que comporta la atrofia del egoís­mo, es bajo todas las circunstancias una mala señal, respecto a los individuos y, en particular, respecto a los pueblos. Falla lo mejor si empieza a fallar el egoísmo. Optar instintivamente por lo que lo perjudi­ca a uno, sentirse atraído por motivos “desinteresa­dos”, es casi la fórmula de la decadencia. “No buscar su propia ventaja” es tan sólo la hoja de parra moral para disimular esta realidad muy diferente, esto es, fisiológica: “No soy ya capaz de encontrar mi propia ventaja”... ¡Disgregación de los instintos! Cuando un hombre se vuelve altruista, quiere decir que está perdido. En vez de decir ingenuamente: “Yo ya no sirvo para nada”, dice la mentira moral por boca del décadent: “Nada vale nada; la vida no vale nada...” Tal juicio constituye, en definitiva, un grave peligro, pues es contagioso; no tarda en proliferar por toda la extensión del suelo mórbido de la sociedad, hasta quedar transformado en una tupida vegetación con­ceptual, ya como religión (cristianismo) o como filo­sofía (schopenhauerianismo). Tal vegetación venenosa, brotada de la podredumbre, es susceptible de infectar con sus miasmas vastas áreas de la vida por espacio de milenios... relaciones ocasionales barcelona Afortunadamente, tenemos la posibilidad de comprobar la impresión que este sensacional descubrimiento de Rodbertus causó a Marx. En el cuaderno X, pp. 445 ss., del manuscrito titulado "Contribución a la crítica, etc.", nos encontramos con una "digresión" titulada "El señor Rodbertus. Una nueva teoría de la renta del suelo". Es el único punto de vista desde el cual se examina aquí la tercera carta social. Marx liquida la teoría rodbertiana de la plusvalía en general con esta observación irónica: "El señor Rodbertus empieza investigando el aspecto que presenta un país en que la posesión de la tierra y la del capital no se hallan separadas, para llegar luego al resultado importante de que la renta (por la cual entiende toda la plusvalía) equivale simplemente al trabajo no retribuido o a la cantidad de productos en que toma cuerpo." escort Barcelona 2) La etapa de producción, la función de P, representa, en este ciclo, la interrupción de las dos fases de la circulación D–M... M'–D', que a su vez no es más que un agente mediador de la circulación simple D–M–D'. El proceso de producción aparece dentro de la forma del mismo proceso cíclico, formal y expresamente, como lo que es en el sistema capitalista de producción: como un simple medio para la valorización del capital desembolsado, lo cual quiere decir que el fin último de la producción es el enriquecimiento como tal. acompañante de lujo Vemos, pues, que la forma dinero no es más que el reflejo, adhe­rido a una mercancía, de las relaciones que median entre todas las demás. El hecho de que el dinero es una mercancía9 sólo supone un descubrimiento para quien arranque de su forma definitiva, procediendo luego a analizarla. Lo que el proceso de cambio da a la mercancía elegida como dinero no es su valor, sino su forma específica de valor. La confusión de estos dos conceptos indujo a reputar el valor del oro y la plata como algo imaginario.10 Además, como el dinero puede sustituirse, en determinadas funciones, por un simple signo de sí mismo, esto engendró otro error: el de creer que el dinero era un mero signo. Mas, por otra parte, ello envolvía ya la intuición de que la forma dinero del objeto era algo exterior a él mismo y simple forma o manifestación de relaciones humanas ocultas detrás de él. En este sentido, toda mercancía sería también un signo, ya que, considerada como valor, la mercancía no es más que la envoltura material del trabajo humano empleado en ella.11 Pero al concebir como meros signos los caracteres sociales que revisten las cosas o los caracteres materiales que asumen las condiciones sociales del trabajo a base de un determinado régimen de producción, venimos a conce­birlos, al mismo tiempo, como un producto reflejo y arbitrario de los hombres. En el siglo XVIII, gustábase de explicar las cosas de este modo para despojar, a lo menos provisionalmente, de su apariencia de misterio a las formas enigmáticas de las relaciones humanas cuyo proceso de gestación no se acertaba a descifrar. escorts barcelona Si la producción de una máquina costase tanto trabajo como el que su empleo ahorra, es evidente que con ello no se haría más que operar un simple desplazamiento de trabajo, es decir, que la suma global del trabajo necesario para la producción de una mercancía no disminuiría, ni aumentaría tampoco la fuerza productiva del trabajo. Sin embargo, la diferencia entre el trabajo que la máquina cuesta y el trabajo que ahorra, o el grado de su productividad, no depende, evidentemente, de la diferencia entre su propio valor y el valor de la herramienta que suple. La diferencia subsiste mientras el costo de trabajo de las máquinas, y, por tanto, la parte de valor incorporada por ellas al producto, sean inferiores al valor que el obrero añadiría al objeto trabajado manejando su herramienta. Por consiguiente, la productividad de las máquinas se mide por el grado en que suplen la fuerza humana de trabajo. Según los cálculos de Mr. Baines, cada 450 husos "mule", con sus accesorios, movidos por un caballo de vapor, suponen 2 ½ obreros,28 y con cada selfacting mule spindle, durante una jornada de trabajo de 10 horas, 2 ½ obreros hilan 13 onzas de hilado por término medio, o sean 365 5 /8 de libras de hilado semanales. Como se ve, para transformarse en hilado, 366 libras de algodón aproximadamente (para no complicar el cálculo, prescindirnos de los desperdicios) sólo absorben 150 horas de trabajo, o sean 15 jornadas de trabajo de 10 horas; en cambio, con la rueda de hilar, suponiendo que el hilandero manual elabore 13 onzas de hilado en 60 horas, la misma cantidad de algodón absorbería 2,700 jornadas de trabajo de 10 horas, o sean 2 7, 000 horas de trabajo.28 bis Allí donde el viejo método del blockprinting o estampado de percal a mano se sustituye por el estampado a máquina, una sola máquina, asistida por un hombre o un chico, estampa en una hora, a cuatro colores, la misma cantidad de tela que antes 200 hombres en el mismo espacio de tiempo.29 Antes de que Eli Whitney inventase en 1793 el cottongin, el separar una libra de algodón de la cápsula costaba, por término medio, una jornada de trabajo. Gracias a este invento, se consiguió que un negra desmotase 100 libras de algodón en un día, sin contar los progresos hechos desde entonces por este artefacto. Una libra de fibra de algodón, que antes se producía a 50 centavos, podía venderse así –con mayor ganancia, es decir, incluyendo mayor cantidad de trabajo no retribuido– a 10 centavos. En la India, se emplea para separar la fibra de la semilla un instrumento que es a medias máquina y herramienta: la "churka", con la que un hombre y una mujer limpian 28 libras diarias. Con la "churka" inventada hace algunos años por el Dr. Forbes, pueden limpiar un hombre y un chico 250 libras al día empleando bueyes, vapor o agua como fuerza motriz, basta con que intervengan unos cuantos chicos y muchachas como feeders (es decir, para alimentar la máquina con material). Dieciséis máquinas de éstas movidas por bueyes, ejecutan en un día la tarea que antes exigía, por término medio, 750 personas durante una jornada.29 bis girlsbcn.org No basta, sin embargo, expresar el carácter específico del trabajo de que está formado el valor del lienzo. La fuerza humana de trabajo en su estado fluido, o sea el trabajo humano, crea valor, pero no es de por sí valor. Se convierte en valor al plasmarse, al cobrar forma corpórea. Para expresar el valor del lienzo como cristalización de trabajo humano, tenemos necesariamente que expre­sarlo como un “algo objetivo” distinto corporalmente del propio lienzo y a la par común a éste y a otra mercancía. Este problema lo hemos resuelto ya. contactos españa Las inverosímiles adulteraciones del pan, extendidas sobre todo en Londres, fueron descubiertas y proclamadas por primera vez por el Comité "sobre adulteración de alimentos" nombrado por la Cámara de los Comunes (1850–1856) y por la obra del Dr. Hassal "Adulterations detected".42 Fruto de estas revelaciones fue la ley dictada el 6 de agosto de 1860 "for preventing the adulteration of articles of food and drink" (53) ley perfectamente infructuosa, ya que en ella, como es lógico, se adopta la más delicada actitud para con todo aquel industrial que se propone "to turri an honest periny"(54) por medio de la compra y venta de artículos adulterados.43 Por su parte, el Comité formuló, más o menos candorosamente, su persuasión de que el comercio libre versaba sustancialmente sobre materias adulteradas o "sofisticadas", como dicen los ingleses, con ingeniosa frase. Es cierto; estos "sofistas" saben más que Protágoras en eso de convertir lo negro en blanco o viceversa y aventajan a los eléatas en el arte de demostrar ad oculos(55) la mera apariencia de todo lo real .44

 

Hemos visto cómo la gran industria viene a abolir técnicamente la división manufacturera del trabajo, lo que supone anexionar de por vida a un hombre a una operación detallista, al paso que la forma capitalista de la gran industria reproduce en proporciones todavía más monstruosas aquella división del trabajo; en la verdadera fábrica, al convertir al obrero en accesorio con conciencia propia de una máquina parcial y en los demás sitios mediante el empleo esporádico de máquinas y de trabajo mecánico,216 y mediante la aplicación del trabajo de la mujer y niño y del trabajo inexperto como nueva base de la división del trabajo. La contradicción entre la división manufacturera del trabajo y lo que constituye la esencia de la gran industria, resalta de un modo poderoso. Esta contradicción se revela, por ejemplo, en el hecho espantoso de que gran parte de los niños que trabajan en las fábricas y manufacturas modernas encadenados desde su más tierna infancia a las más sencillas manipulaciones, se vean explotados años y años sin aprender ningún otro trabajo que les permita prestar un servicio útil ni siquiera en la misma fábrica o manufactura en que se les explota. En las imprentas inglesas, por ejemplo, se aplicaba antes a los aprendices un régimen de transición, que les hacía remontarse desde los trabajos más simples a otros más complejos, régimen tomado del sistema de la antigua manufactura y de los oficios manuales. De este modo, los aprendices recorrían una escala de aprendizaje, hasta hacerse impresores. El saber leer y escribir era requisito del oficio para todos. La máquina de imprimir vino a echar por tierra todo esto. Esta maquina requiere dos clases de obreros: un obrero adulto, el. maquinista, y un obrero joven, el chico de la máquina, de 11 a 17 años por lo general, cuya misión se reduce a meter los pliegos de papel blanco en la máquina y a sacar de ella los pliegos impresos. En Londres, los chicos de las máquinas pasan encadenados a esta fatigosa faena 14, 15 y 16 horas consecutivas durante algunos días de la semana, y a veces hasta 36 horas, con sólo 2 de descanso para comer y dormir.217 Entre ellos, hay muchos que no saben leer, y suelen ser todos criaturas anormales y medio salvajes. “La preparación para estas faenas no requiere aprendizaje intelectual de ningún género; estos muchachos tienen escasa ocasión de desarrollar su pericia, y menos todavía su inteligencia: su salario, un poco crecido tratándose de muchachos, no aumenta en la misma proporción en que crecen, y la inmensa mayoría de estos muchachos no puede aspirar al puesto, más lucrativo y responsable, de maquinista, puesto que hay muchas máquinas servidas por un maquinista solamente para cada 4 chicos.”218 Tan pronto como se hacen demasiado viejos para el trabajo infantil que ejecutan, es decir, a los 17 años o antes, se les despide, pasando a formar parte de los batallones del crimen. Todas las tentativas que se han hecho por colocarlos en otra parte fracasan, pues siempre chocan con su ignorancia, su tosquedad y su degeneración física e intelectual. masajes bilbao 101 Es muy característico del régimen de Luis Felipe, el roi burgeois, que la única ley promulgada durante su reinado, la ley de 22 de marzo de 1841, no llegase jamás a aplicarse. Y esta ley sólo afecta al trabajo infantil. Fija 8 horas como tasa máxima para el trabajo de los niños mayores de 8 y menores de 12 años, 12 horas para los mayores de 12 y menos de 16, etc., y autoriza numerosas excepciones, que hacen lícito el trabajo nocturno aun para niños de 8 años. En un régimen como aquél, en que no había ni una rata que no estuviese vigilada policíacamente, la fiscalización e imposición de esta ley se dejaba a la buena voluntad de los "amis du commerce." En 1853 se nombró, en un solo departamento, en el departamento del Norte, el primer inspector de gobierno retribuido. No menos característico del desarrollo de la sociedad francesa en general es el hecho de que la ley de Luis Felipe siguiese manteniéndose como ley única hasta la revolución de 1848, en medio de toda la maraña de leyes salidas de la fábrica legislativa. www.sofiabcn.com Fuerza es reconocer que nuestro obrero sale del proceso de producción en condiciones distintas a como entró. En el mercado se enfrentaba, como poseedor de su mercancía "fuerza de trabajo", con otros poseedores de mercancías, uno entre tantos. El contrato por medio del cual vendía su fuerza de trabajo al capitalista demostraba a ojos vistas, por decirlo así, que disponía libremente de su persona. Cerrado el trato, se descubre que el obrero no es "ningún agente libre", que el momento en que se le deja en libertad para vender su fuerza de trabajo es precisamente el momento en que se ve obligado a venderla167 y que su vampiro no ceja en su empeño "mientras quede un músculo, un tendón, una gota de sangre que chupar".168 Para "defenderse" contra la serpiente de sus tormentos, los obreros no tienen más remedio que apretar el cerco y arrancar, como clase, una ley del Estado, un obstáculo social insuperable que les impida a ellos mismos venderse y vender a su descendencia como carne de muerte y esclavitud mediante un contrato libre con el capital.169 Y así, donde antes se alzaba el pomposo catálogo de los "Derechos inalienables del Hombre", aparece ahora la modesta Magna Charta de la jornada legal de trabajo, que "establece, por fin, claramente dónde termina el tiempo vendido por el obrero y dónde empieza aquel de que él puede disponer",170 Quantum mutatus ab illo! (72) servicios internet barcelona El régimen específicamente capitalista de producción, el desarrollo a él inherente de la fuerza productiva del trabajo, y los cambios que este desarrollo determina en cuanto a la composición orgánica del capital, no sólo avanzan a medida que progresa la acumulación o crece la riqueza social, sino que avanzan con rapidez incomparablemente mayor, pues la simple acumulación o el aumento absoluto del capital global de la sociedad va acompañado por la centralización de sus elementos individuales, y la transformación técnica del capital adicional por la transformación técnica del capital primitivo. Así, pues, al progresar la acumulación, cambia la proporción entre el capital constante y el variable, sí originariamente era de 1:1, ahora se convierte en 2:1, 3:1, 4:1, 5:1, 7:1, etc., por donde, como el capital crece, en vez de invertirse en fuerza de trabajo ½ de su valor total sólo se van invirtiendo, progresivamente, 1/3, 1/4, 1/5, 1/6, 1/8, etc., invirtiéndose en cambio 2/3, 3/4, 4/5, 5/6, 7/8, etc., en medios de producción. Y como la demanda de trabajo no depende del volumen del capital total, sino solamente del capital variable, disminuye progresivamente a medida que aumenta el capital total, en vez de crecer en proporción a éste, como antes suponíamos. Decrece en proporción a la magnitud del capital total y en progresión acelerada conforme aumenta esta magnitud. Es cierto que al crecer el capital total crece también el capital variable, y por tanto la fuerza de trabajo absorbida por él, pero en una proporción constantemente decreciente. Los intervalos durante los cuales la acumulación se traduce en un simple aumento de la producción sobre la base técnica existente, van siendo cada vez más cortos. Ahora, para absorber un determinado número adicional de obreros y aun para conservar en sus puestos, dada la metamorfosis constante del capital primitivo, a los que ya trabajan, se requiere una acumulación cada vez más acelerada del capital total. Pero no es sólo esto. Además, esta misma acumulación y centralización creciente se trueca, a su vez, en fuente de nuevos cambios en cuanto a la composición del capital, impulsando nuevamente el descenso del capital variable para hacer que aumente el constante. Este descenso relativo del capital variable, descenso acelerado con el incremento del capital total y que avanza con mayor rapidez que éste, se revela, de otra parte, invirtiéndose los términos, como un crecimiento absoluto constante de la población obrera, más rápido que el del capital variable o el de los medios de ocupación que éste suministra. Pero este crecimiento no es constante, sino relativo: la acumulación capitalista produce constantemente, en proporción a su intensidad y a su extensión, una población obrera excesiva para las necesidades medías de explotación del capital, es decir, una población obrera remanente o sobrante. artes graficas barcelona Detengámonos ahora en un sector del pueblo que tiene su origen en el campo, pero cuya ocupación es en gran parte industrial. Este sector forma la infantería ligera del capital, que éste lanza tan pronto sobre un punto como sobre otro, a medida de sus conveniencias. Estas huestes, cuando no están en marcha, “acampan”. El trabajo de estos obreros trashumantes se emplea para las diversas operaciones de construcción y drenaje, para fabricar tejas y ladrillos, quemar cal, construir ferrocarriles, etc. Son columnas móviles de pestilencia, que van sembrando en los lugares donde acampan la viruela, el tifus, el cólera, la escarlatina, etc.65 En las empresas en que se invierten capitales considerables, como los ferrocarriles, etc., es el propio empresario el que se encarga generalmente de suministrar a sus tropas barracas de madera u otras viviendas semejantes, y surgen así verdaderos pueblos improvisados, sin la menor garantía de higiene, lejos del control de las autoridades locales, pero muy rentables para el señor contratista, que de este modo explota a sus obreros por doble concepto, como soldados industriales y como inquilinos. Sus moradores, terraplenadores, etc., pagan 1, 3 ó 4 chelines semanales, según que la barraca tenga 1, 2 ó 3 tabucos.66 Bastará un ejemplo: En septiembre de 1864 –según nos informa el Dr. Simon– el ministro del Interior, Sir George Grey, recibió la siguiente denuncia, cursada por el director del Nuisance Removal Committee de la parroquia de Sevenoak: “Hasta hace unos 12 meses, esta parroquia casi no sabía lo que era la viruela. Hace poco más de un año, comenzaron los trabajos de construcción del ferrocarril de Lewisham a Tunbridge. Además de realizarse los principales trabajos en las inmediaciones de nuestra ciudad, ésta se convirtió en el depósito central de toda la obra. Esto hizo que se concentrase aquí un gran número de obreros. Como era imposible albengarlos a todos en cottages, el contratista, Mr. Jay, mandó levantar en diversos puntos, a lo largo de la vía, barracas para que se alojasen en ellas los obreros. Estas barracas no tenían ventilación ni alcantarillado y, además, estaban constantemente abarrotadas, pues cada inquilino, por numerosa que fuese su familia, y a pesar de no tener cada barraca más que dos piezas, veíase obligado a recibir a nuevos alojados. Según el informe médico que nos ha sido hecho, todas estas circunstancias traían como consecuencia el que estas pobres gentes hubiesen de soportar todas las noches las torturas de la asfixia, apelotonándose debajo de las ventanas para evitar las emanaciones pestilentes de las aguas sucias estancadas y de las letrinas. Por último, un médico que tuvo ocasión de visitar estas barracas, cursó a nuestro Comité sus quejas, expresándose en los términos más duros acerca del estado de estas llamadas viviendas y expresando el temor de que, si no se adoptaban ciertas precauciones sanitarias, sobreviniesen consecuencias muy lamentables. Hace aproximadamente un año, el supradicho Mr. Jay se comprometió a construir una casa en la que habrían de hospitalizarse sus obreros, tan pronto se declarase entre ellos alguna enfermedad infecciosa. A fines de julio volvió a repetir esta promesa, pero sin hacer absolutamente nada para cumplirla, a pesar de haberse declarado desde entonces varios casos de viruela, dos de ellos mortales. El 9 de septiembre, el médico Kelson puso en mi conocimiento nuevos casos de viruela producidos en las mismas barracas, pintándome el estado espantoso de éstas. Para su información [del ministro], debo añadir que nuestra parroquia posee una casa aislada, la llamada Casa de la Peste, en la que se atiende a los vecinos que padecen de enfermedades infecciosas. Desde hace varios meses, esta casa está constantemente abarrotada de enfermos. En una sola familia murieron cinco niños de viruela y fiebres. Desde el 1º de abril hasta el 1º de septiembre de este año, se produjeron nada menos que 10 defunciones de enfermos de viruela, 4 de ellas en las consabidas barracas, foco de la peste. Es imposible fijar la cifra de los enfermos, pues las familias contaminadas procuran mantenerlo en el mayor secreto posible.”67 discotecas en tarragona Cuando reaparece en la fábrica automática la división del trabajo, es siempre con el carácter primordial de distribución de los obreros entre las máquinas especializadas y de asignación de masas de obreros, que no llegan a formar verdaderos grupos orgánicos, a los diversos departamentos de la fábrica, donde trabajan en máquinas–herramientas iguales o parecidas, alineadas las unas junto a los otras, en régimen de simple cooperación. El grupo orgánico de la manufactura es sustituido por la concatenación del obrero principal con unos pocos auxiliares. La distinción esencial es la que se establece entre los obreros que trabajan efectivamente en las máquinas–herramientas (incluyendo también en esta categoría a los obreros que vigilan o alimentan las máquinas motrices) y los simples peones que ayudan a estos obreros mecánicos (y que son casi exclusivamente niños). Entre los peones se cuentan sobre poco más o menos todos los feeders (que se limitan a suministrar a las máquinas los materiales trabajados por ellas). Además de estas clases, que son las principales, hay el personal, poco importante numéricamente, encargado del control de toda la maquinaria y de las reparaciones continuas: ingenieros, mecánicos, carpinteros, etc. Trátase de una categoría de trabajadores de nivel superior, que en parte tienen una cultura científica y en parte son simplemente artesanos, y que se mueve al margen de la órbita de los obreros fabriles, como elementos agregados a ellos.95 Como se ve, esta división del trabajo es puramente técnica. restaurantes en alicante A su vez, la mercancía que figura como equivalente general se halla excluida de la forma relativa única y por tanto general del valor del mundo de las mercancías. Si el lienzo, es decir la mercancía que reviste forma de equivalente general, pudiese compartir además la forma relativa general del valor, tendría forzosamente que hacer de equivalente para consigo misma. Y así, llegaríamos a la fórmula de 20 varas de lienzo = 20 varas de lienzo, perogrullada que no expre­saría ni valor ni magnitud de valor. Para expresar el valor relativo del equivalente general, no tenemos más remedio que volver los ojos a la forma III. El equivalente general no participa de la forma rela­tiva del valor de las demás mercancías, sino que su valor se expresa de un modo relativo en la serie infinita de todas las demás mercancías materiales. Por donde la forma relativa desarrollada del valor o forma II, se presenta aquí como forma relativa específica del valor de la mercancía que hace funciones de equivalente. pisos en barcelona 6. Inspección de las minas. Los obreros no son víctimas solamente de la fatalidad, en las explosiones de gases (núms. 234 ss.). “También tenemos que quejarnos con la misma energía de la mala ventilación de las minas, en las que apenas se puede respirar; la mala aireación imposibilita toda clase de trabajo. Así, por ejemplo, en la sección de la mina en que yo trabajo el aire pestilente ha enfermado precisamente ahora a muchos obreros para varias semanas. Las galerías están, por lo general, bastante bien aireadas, pero no los sitios en que se trabaja. Si un obrero formula al inspector una queja sobre la mala ventilación, se le despide y queda “marcado”, sin encontrar trabajo en ningún otro sitio. El “Mines Inspection Act” de 1860 es un papel mojado. Los inspectores, que son muy pocos, giran si acaso una visita formal cada siete años. Nuestro inspector es un hombre de 70 años, completamente incapaz, que tiene a su cargo más de 130 minas de carbón. Necesitamos más inspectores y, además, subinspectores” (núm. 280). “¿Acaso va el gobierno a mantener un ejército de inspectores, tan grande que pueda averiguar todo lo que ustedes desean, sin información de los propios obreros? –No; eso es imposible, pero pueden informarse directamente en las minas” (núm. 285). “¿No creen ustedes que la consecuencia de todo esto sería desplazar a los empleados del gobierno la responsabilidad [¡] por la mala ventilación, etc., que hoy pesa sobre los patronos? –No hay tal cosa; su misión consiste en obligar a que se cumplan las leyes existentes” (núm. 294). “Cuando hablan ustedes de subinspectores, ¿se refieren a un personal dotado de menos sueldo y de carácter inferior a los inspectores actuales? –Yo no deseo, ni mucho menos, que sean inferiores, si pueden conseguirse superiores” (núm. 295). “¿Desean ustedes más inspectores, o una clase de personal inferior a éstos? –Lo que necesitamos son hombres que anden por las minas, que no tengan miedo a sacrificar la pelleja” (núm. 296). “Si se atendiese ese deseo de nombrar inspectores de una categoría inferior, ¿no acarrearía peligros su falta de competencia? –No; el gobierno tendría el deber de encontrar elementos competentes.” Hasta que, por último, esta manera de preguntar se le antoja necia al propio presidente de la Comisión investigadora. “Lo que ustedes quieren –interviene el presidente–son hombres prácticos, que bajen a las minas directamente y den cuenta al inspector, para que éste pueda poner a con­tribución su alta ciencia” (núm. 531). “La ventilación de todas estas minas viejas, ¿no ocasionaría muchos gastos? –Sí, ocasionaría gastos, pero se protegerían las vidas humanas”(número 581). Un minero del carbón protesta contra el capítulo 17 de la ley de 1860: “Actualmente, cuando el inspector de minas encuentra que una parte de éstas no está en condiciones de explotación, debe ponerlo en conocimiento del propietario de la mina y del ministro del Interior. El propietario de la mina tiene 20 días para pensarlo; al terminar este plazo, puede negarse a introducir ningún cambio. En otro caso, tiene que dirigirse al ministro del interior y proponerle cinco ingenieros de minas, entre los cuales el ministro elige los árbitros. Pues bien; nosotros afirmamos que en este caso es el propietario de la mina el que nombra, virtualmente, a sus propios jueces” (núm. 586). El instructor burgués, patrono minero él mismo: “Eso es una objeción puramente especulativa” (núm. 588). “Observo que tiene usted una opinión muy pobre de la honorabilidad de los ingenieros de minas. ‑Lo que digo es que eso es inicuo e injusto" (núm. 589). “¿No poseen los ingenieros de minas una especie de carácter público, que pone a sus fallos por encima de la parcialidad temida por usted? –No tengo por qué contestar a preguntas acerca del carácter personal de estos hombres. Estoy persuadido de que, en muchos casos, obran con demasiada parcialidad y de que debe despojárseles de estos poderes, allí donde se ventile la vida de un hombre.” El mismo burgués tiene el cinismo de preguntar: “¿Ignoran ustedes que también los propietarios de las minas experimentan pérdidas con las explosiones?” Finalmente (número1042): “¿No pueden ustedes, los obreros, defender sus propios intereses sin invocar la ayuda del gobierno? –No.” En 1865 existían en la Gran Bretaña 3,217 minas de carbón y 12 inspectores mineros. Un patrono minero de Yorkshire (Times de 26 de enero de 1867) calcula que, aun prescindiendo de sus ocupaciones burocráticas, que les absorben todo el tiempo, sólo pueden visitar una mina una vez cada 10 años. No tiene, pues, nada de extraño que durante estos últimos tiempos (sobre todo en 1876 y 1877) las catástrofes mineras hayan aumentado progresivamente en número y en extensión dándose casos de 200 y 300 obreros muertos. ¡He ahí las bellezas de la "libre" producción capitalista!


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Publicado por zupicaru @ 23:10
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